Periodismo ‘Low cost’

En los últimos años, tanto consumidores de medios como profesionales de la información se quejan de la práctica, cada vez más habitual, del periodismo “low cost”, un periodismo en el que prima la cantidad de información en el menor tiempo frente a la calidad, sacrificando los pilares básicos de la profesión como la veracidad, contrastación, experiencia, etc.

Ilustración de Well-Com.es

Cara sonriente. Cabellos sin canas y rostros sin arrugas. La ilusión dibujada en el alma, cándida, sin fisuras, sin estrías. Sin apenas contar historias. El perfil es similar. Alumnos recién salidos de la facultad de comunicación que buscan hacerse un hueco en la jungla del mundo del periodismo. Y con la esperanza efímera de encontrar un trabajo con remuneración, de esos que te prometen cuando rondas por los pasillos que trazan la línea que va desde el aula a la cafetería. Y de allí a la biblioteca. Los que más allá vayan, llegarán a ser becarios.

¿Y por qué no? Hasta conseguir un trabajo provisional, mal pagado que sólo les llevará a gastar el tiempo. Porque después de un becario, sólo hay otro becario. Así, la FAPE ha lanzado la campaña #gratisnotrabajo para denunciar las ofertas de trabajo mal remuneradas, gratuitas o que rozan la esclavitud.

Y es que, señores, la esclavitud no terminó en el siglo XIX y hay muchos sectores en donde se ha precarizado el empleo hasta este punto. Entre ellos, por supuesto, el periodismo. Si no me creen, dénse una vuelta por una redacción. Echar a los veteranos, realizar continuos EREs y esquilmar a la plantilla está siendo, por desgracia una práctica bastante común en todos los medios. Renunciar a la experiencia en los medios, a las agendas casi infinitas de teléfonos de esos viejos lobos de mar que son los más antiguos en la redacción, es una máxima en estos días. Y de los fotógrafos-esos reporteros gráficos sustituidos por iPhones-, ni hablamos.

El trabajo del periodista se ha convertido, como diría el gran Miguel Ángel Aguilar (colaborador de varios medios, entre ellos EL PAÍS, y periodista de gran prestigio) en el de “desactivador de teletipos”. Un periodismo que renuncia a su vocación de servicio público, y ¿por qué no? de un poco de su ética. La crisis y la precarización de los puestos de trabajo, las presiones políticas traducidas en línea editorial casi dictada, han ahondado aún más en esta situación que se viene repitiendo desde hace años. La falta de personal en las redacciones, la presión del desempleo – “si no haces tal cosa, tengo cientos de currículums esperando” se convierte cada vez más en “argumento de peso” del director o redactor jefe a los periodistas- y otros muchos complementos circunstanciales de modo están convirtiendo cada vez más al periodismo en low cost. El otro día un compañero lamentaba el tener que escribir una noticia a partir de una escueta convocatoria, mientras lo que pedía su director era una crónica. Como si hubiera ido al acto en cuestión. La calidad, ¿qué fue de ella? Ni está, ni se la espera.

La única medida de presión que tienen – me comenta mi compañero de profesión – es no firmar la noticia. ¿Pero cuánto aguantará esa pequeña medida de libertad? ¿Quién pierde realmente aquí? ¿El receptor de noticias? ¿Hay masa crítica para ello? ¿Pierde el medio? ¿Pierde el periodista, cuya imagen se ha infravalorado hasta decir basta? Pierde EL PERIODISMO, ese ente etéreo del que nos hablaron en la facultad y del que nos enamoramos siendo jóvenes. En todo esto, no se salva nadie y, como comenta el genial blog ‘Periodismo Low cost‘, también los periodistas tenemos mucha culpa. No se libra nadie, desde los empresarios avariciosos hasta el nuevo becario. ¿Se ha convertido esta forma de hacer periodismo en nuestra única manera de protesta contra el sistema como muestra de lo ‘quemados’ que estamos? ¿O es que no les interesa a los poderosos que hagamos periodismo de calidad?

Vivir-Low-Cost-194x300Pero, ¿de qué sirve lamentarse? El periodismo libre pasa por las cooperativas, por el autoempleo o por un cambio de mentalidad. No faltan medios, nuevas iniciativas que afloran. Pero, ¿tendrán todas éxito, emergiendo como lo están haciendo, como setas? ¿Es bueno o es malo que el periodista sea empresario? Eso podría entrañar en cierta medida que se convierta en comercial de su propia empresa. ¿Es aceptable ese modelo? Como todo, este tipo de modelo de negocio entraña sus riesgos, pero quejarnos y el inmovilismo no nos llevará a nada. ¿Estamos dispuestos al cambio de negocio? ¿Publicidad, pago por contenido o una mezcla de ambos?

El periodismo espera su revolución para dejar de ser ‘low cost en calidad’ –hay quien defiende un periodismo que es low cost pero es de calidad– pero ¿estamos dispuestos a desembolsar el precio que eso conlleva?

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Acerca de

De acá y de allá, poetisa sin rumbo fijo y timonel de los sueños de la infancia.

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