Jorge Freire: “El periodismo debe ofrecer la Verdad a una sociedad en dudas”

De todos es sabido que el verano es período de descanso y reflexión, de valorar los logros conseguidos durante el año y analizar los errores en los que se ha caído, bien por ignorancia, bien por pesebrismo. Algunos consideramos que el período estival es también un momento idóneo para reciclarse y dedicarle algo de tiempo a profundizar en esas facetas laborales que, a modo de placer culpable, se disfrutan más cuando no hay una obligación laboral o académica. En el curso de verano de la UNIA De Camba a Jot Down: periodismo de calidad en la prensa escrita, organizado por Eduardo Laporte  en la sede onubense de La Rábida, Jorge Freire impartió una clase titulada Modos de vivir que no dan para vivir: la extraña figura de Eliodoro Puche, acerca del poeta nacido en 1885 en Lorca. Filósofo y politólogo de formación, Jorge Freire escribe en Jot Down, Quimera y Fronterad sobre diversos temas, desde alquimia y religión medieval hasta geopolítica, y acaba de colaborar en un libro sobre las secesiones balcánicas. En estos momentos ultima una novela y próximamente publicará un ensayo sobre George Santayana. También realiza ilustraciones de libros, explotando su pasión por el pincel.

Jorge Freire

Gracias por atendernos, Jorge. ¿Quién es Eliodoro Puche?

Eliodoro Puche es un personaje interesantísimo. Tenía una ligera idea de él como poeta bohemio, pero aparte dirige dos periódicos durante la República y monta una federación en Lorca que llama Círculo Republicano Instructivo. Al estallar la guerra lo meten en la cárcel y, una vez es puesto en libertad, queda relegado al olvido.  Entre su obra quedan unos poemarios excelentes y unos artículos de altísima calidad, que me sorprendieron muy gratamente.

Quizá sea lo bohemio lo único que se conoce

Es que su estancia en Madrid es una auténtica inmersión en la bohemia. Dice un poema de Emilio Carrere: “Puche cruza la Puerta del Sol en pos de su nocturna cita con las sirenas del alcohol”. Según parece, alterna desde el principio con prostitutas de baja ralea y termina siendo una cara conocida en todas las casas de lenocinio madrileñas. Y parece que no abandona la costumbre porque, después de la guerra y la cárcel, a su finca de la sierra de Almenara acudían en masa las hetairas de toda Murcia. En algunos poemas de senectud rememora estos años con la nostalgia debida. Se ve que era un giovane perduto que campaba salidísimo por la calle Luna, lanzón en ristre. Es como aquello que dice Alberti en sus memorias, La arboleda perdida, acerca de Juan Gris: que llegó a París con veinte años de semen en la punta del carajo. Pues igual Puche, pero con treinta o treinta y uno.

¿Con qué otros autores se relacionó?

Empieza en las tertulias de los ultraístas y hace amistad con Gerardo Diego, Larrea, Cansinos-Assens y hasta con Borges. Luego también se relaciona con miembros del 98, sobre todo Valle-Inclán y Machado, cuya influencia en su obra poética es manifiesta. También se hace amigo de Gómez de la Serna y de Juan Ramón Jiménez, y se empapa bastante de ciertos rasgos de la generación del 27. Es curioso, pero Puche se pasa la vida llegando tarde a las cosas. Fue compañero de pupitre de Gómez de la Serna justo porque repite varios cursos. Cuando entabla amistad con algunos ultraístas, él ya es talludito y les lleva unos cuantos años. Y, cuando por fin consigue establecerse en Lorca, lo hacen desaparecer, culturalmente hablando. Aparte de extemporáneo es, como diría Nietzsche, intempestivo, porque nunca coincide consigo mismo. Seguramente, lo que más me interesó en un primer momento es que es un personaje andariego, como todos mis héroes literarios: Felix Krull, Augie March, y, claro, el Buscón, el Guzmán, el Quijote. Los estoicos solían utilizar la alegoría del paseo, preguntándose si el cuerpo se dirigía paseado por el alma o si lo que se paseaba era el alma misma. Puche es un flâneur atípico porque, además de pasearse de un lado para otro, nunca termina de asentarse en ningún lugar.

¿Es Puche un poeta maldito?

Es un poeta maldito en el sentido que Verlaine dio a ello. Hay un elemento quijotesco que comparte con algunos ultraístas: eso de embestir, embrazado a su rodela y arrimado a su lanzón, los molinos de viento culturales de la época. También es un anormal, en el sentido que Foucault le dio en su obra Los anormales, un individuo a corregir, un animal salvaje a domesticar. Pero Puche es, aparte, un personaje “inquieto, triste, saturniano y dado a un mal destino por designios arcanos”, como reza uno de sus poemas.

¿Podemos hablar de leyenda negra como tal?

Hay muchas partes turbias en la figura de Puche, pero la mayoría se sitúan en los intersticios entre lo real y lo ficticio. Hay quien dice que, cuando llega a Madrid para estudiar Derecho, está escapando de un escándalo que ha montado en Lorca, al dejar embarazada a una casada. Para más inri, la cosa se complica y ella muere unos años después, y entonces le mandan a la niña. Justo en ese momento, en torno a 1918, Puche acaba de escribir Corazón de la noche, que es un poemario excelente, prologado por Cansinos-Assens y dedicado a Machado y a Juan Ramón. Está en su momento de plenitud intelectual y le pasa lo que Melville le decía a Hawthorne nada más escribir Moby Dick: que había escrito un libro impío y se sentía inmaculado como el cordero. Así que le llevan la cría a Puche y, sintiéndose inmaculado como el cordero, la rechaza sin el menor embozo.

Ciertamente, es un personaje oscuro

Su amigo Francisco Alemán escribió que era un “viejo con nombre solar que amó las ojeras nocturnas de la luna”. Esencialmente fue un pagano y un libertino. La frase alude a la calle Luna, y el nombre solar está claro: Eliodoro, amigo del sol. Esta línea de lectura, casi jungiana, a mí me gusta. Pero de lo que disponemos es, sobre todo, de historias sórdidas. Parece que quiso cargarse a un sereno, o al menos eso dice Ruano, que lo pone de vuelta y media. Dice que frecuentaba tascas de criminales, sepultureros y putas provincianas, y que tenía un aspecto siniestro. Algo similar cuenta Cansinos-Assens, que, como sabemos, era poco amigo de la bohemia. Pero, curiosamente, Ruano es de los pocos que reivindica a Puche, muchos años después, cuando el franquismo lo deja de lado.

Lo que no le evita quedar en el olvido

Ruano lo visita a finales de los cincuenta, siendo Puche ya mayor, pero es cierto que pocos más lo reivindican. Para el lector curioso esto tampoco es malo. Hace poco reconocía Trapiello en su blog, hablando de lo poco leídos que son Pla y Cunqueiro, que eso los convierte en islas vírgenes libres de todas esas adherencias odiosas que se le pegan a las lecturas más populares, y estoy de acuerdo. El carácter secreto de Puche es una de las cosas que más me incitó a profundizar en él. Sobre esto escribió Simmel en su Sociología, cuando dice que, entre la tendencia natural a idealizar y el terror innato a lo desconocido, terminamos cayendo en el error de creer que lo secreto oculta algo importante. Por eso dice Simmel que el secreto ejerce una atracción que es independiente de su contenido. Con Puche me sucede algo similar y, quién sabe si, de estar más a la vista, no perdería parte de su gracia.

¿Es Puche un personaje seductor?

Bueno, un escritor tiene que ser un poco como el personaje de  “La dorada manzana del eterno deseo”, el cuento de Kundera. Es un experto en la seducción y en el arte de embelesar a las chicas, aunque luego no va más allá, lo cual me parece muy interesante. Lo malo es que al estilista que quiere seducir todo el rato se le descubre a la primera. No es el caso de Puche, que era un articulista riguroso y de calidad.

JORGE FREIRE PUCHE

Libro autografiado por el propio Eliodoro Puche. Fuente: todocolección.net

Durante el curso defendiste la labor del periodista como mediador

Por supuesto. La historia de Occidente se ha regido por una alegoría que sigue regulando la relación entre ciencia y sociedad. Me refiero al mito de la caverna, que narra Platón en la República. El filósofo debe alejarse de los sentimientos subjetivos, los sentimientos vulgares, para poder acceder a las verdades no formuladas por la mano del hombre, esto es, a la Verdad. Esto significa que no hay continuidad alguna entre la ciencia y el mundo social. Cuando el sabio vuelve a la caverna, aparte de romper cadenas y tener que pechar con el carácter no muy amistoso de sus antiguos compañeros, debe no solo acallar la doxa, sino finiquitar la gigantomaquia, las interminables discusiones del vulgo. A día de hoy, seguimos separando entre política y sofistería, Ciencia y ciencias, autoridad y opinión.

El periodismo debe ofrecer la Verdad a una sociedad en dudas. En Noticia bomba, la novela de Evelyn Waugh, al hilo de una inminente guerra africana dice el director del Daily Beast: ofrecemos un microcosmos del drama mundial a cambio del penique matutino. El periodismo es en este sentido holográfico, porque es, etimológicamente, un trazo del todo. Más allá de la transmisión de datos, está el asunto de la coherencia interna y a la importancia de conformar un relato total. Algo que, desgraciadamente, lleva al sempiterno debate sobre A sangre fría y la non fiction novel, claro.

¿Es el “Nuevo Periodismo” un asunto de autores muy jóvenes y muy drogados que impusieron nuevas narrativas?

No. Hay un importante elemento de marketing, pero creo que las aportaciones del Nuevo Periodismo son valiosas. Por supuesto, no se crean ex nihilo y todas son rastreables en textos anteriores, pero sí las popularizan. La introducción de monólogos interiores y elementos humorísticos e irónicos, además de enriquecer el texto, subrayan la carga teórica del propio texto, su subjetividad. Tuvimos un buen debate sobre esto en el curso, sobre la “novelización” del periodismo, y no creo que la introducción de recursos ficcionales suponga que todo vale lo mismo. De ellos no se sigue ningún relativismo nihilista ni hacen pensar que los hechos sean constructos de la mente. El mismo Quijote no tendría sentido si no se pudiese establecer una distinción entre lo real y la ficción.

¿Pero no hay una relación entre esta “novelización” de los hechos y la propia mediación?

Deriva de ello, sin duda. También habría que hablar, por cierto, de la pujanza que ha cogido la falacia de lo inmediato, de lo no mediado, como algo más verdadero. Basta con leer los títulos de los programas de TDT de la Caverna, no la platónica sino la otra. “Sin complejos”, “Sin pelos en la lengua”, “Las cosas claras”, “Más claro agua”, etc. Bueno, esto es una broma, y tiene más que ver con la actitud desacomplejada de la derecha ‘neocon’, pero no hay que andar mucho para ver la fuerza que ha cogido la falacia de que lo inmediato es más verdadero. Sin ir más lejos, Wikileaks.

Ahora que nombras Wikileaks: teniendo en cuenta su escaso impacto, ¿estamos anestesiados o sólo se ha confirmado lo que se intuía?

No creo, en absoluto, que su impacto fuese escaso. De hecho, casi se terminó haciendo una gran noticia de lo que, en muchos casos, no era más que un efecto ilocutivo. Es como aquello que decía Russell de confundir la verdad con el cuerpo de letra doce. Creo que, al final, todo el bombo generado ha terminado haciendo creer que el periodismo es mera transparencia. Hombre, ¿alguien podría defender que una Ley de Transparencia ocupase el lugar del periodismo? No creo. Tampoco el culto a la información en tiempo real tiene sentido sin mediación. Una famosa frase de Borges dice que no se puede conocer de antemano los hechos trascendentes y que la crucifixión de Cristo fue importante después, no cuando ocurrió. Pero hay un poema de Puche que viene mejor todavía: “Y decirle al poeta, / campanero de la verdad futura, / tu puesto está en la torre”. Cambia poeta por periodista. El periodismo nunca es, evidentemente, una simple transmisión de datos.

En el nuevo paradigma de “prosumidores” y “comunidades autárquicas”, ¿cuál es el espacio del periodista?

No creo que el 2.0 cambie la función esencial del periodista, que es, y así ha sido desde sus orígenes, generar opinión pública. Junto con la alfabetización y la urbanización, el periodismo fue el factor principal en la secularización de Occidente. Owen Chadwick estudió cómo pudo surgir el pensamiento colectivista en Inglaterra entre 1860 y 1880 a partir de diarios y novelas de la época, coincidiendo con la auténtica secularización de la sociedad inglesa. Su investigación reveló que las disputas intelectuales que promovían los periódicos no solo independizaron al ciudadano de la época del campo religioso, sino que los convirtieron, por decirlo de alguna manera, en sujeto político.

Jorge Freire bn

Has hablado antes del estilo, criticando a los estilistas

Es que uno lee los artículos de Puche y se encuentra con un estilo culto pero sin aspavientos, morigerado, con tendencia a la precisión, a la exactitud. Hay una anécdota que cuenta Daniel Dennet en Rompiendo el hechizo, una conversación con Foucault que le relata Searle, tal que: Michel, si hablando eres tan clarito, ¿a qué tanta oscuridad escribiendo? Y Foucault le contesta: hombre, es que para que los filósofos franceses no se te tomen a chacota, una cuarta parte de lo que escribes tiene que ser un cafarnaúm indescifrable. Bueno, a esto Dennett lo llama “eumerdificación”. Al final, de tanto buscar lo profundo, se termina hozando en el fango, y se acaba como el Barón de Munchausen, que para salir tuvo que tirarse de los pelos.

Defiendes, por tanto, un estilo preciso

Sí, aunque Puche va más allá. En la clase hablamos de ciertos mandamientos. Hay un mandamiento de Gurdjieff que reza “Habla solo lo necesario”. Y, casualmente, el último mandamiento de Hemingway dice: “Calla, la palabra mata el instinto creador”. Filosóficamente estoy en contra, creo que la palabra crea y gobierna el mundo, logos spermatikos. Pero esto, en el ámbito periodístico, lleva a la hipótesis defendida por McLuhan y Baudrillard de que los medios construyen la realidad. Puche era un periodista que se cuidaba de desparramar las palabras y los juicios. Pero además era un poeta, y en cuanto poeta era consciente del excedente de significado que existe para cada significante. Imagino que a según qué tipo de poetas les pasa lo que a Dante cuando se asoma al Empíreo y dice aquello de “en adelante será más corta mi palabra…”. Esto los latinos lo definían con el topos del nullus sermo sufficiat. El lenguaje no nos sirve para dar cuenta de la realidad. A menos, añado yo, que demos con un poeta.

El periodista-poeta puede ir más allá

El lenguaje de la palabra poética está sobrecargado de sentido, es aquel lenguaje que es “pentáculo y grimorio”, como dice Valle-Inclán en La lámpara maravillosa. De ahí la superación del nullus sermo sufficiat.  Más allá de un juego conceptista de adornos y analogías, la metáfora da cuenta de esta sobreabundancia de sentido. Y, aparte, permite escapar del hecho de que, muchas veces, las cosas no se pueden contar tal cual.

Leíste un cuento de Voltaire a este respecto durante el curso

Es un capítulo muy divertido de Zadig, el último filósofo de Babilonia, que se ha retirado al campo justo al cumplir dos meses de casado porque su libro mágico le ha advertido de la peligrosísima luna de ajenjo que sucede a la dulce luna de miel. Total, se encuentra en medio del bosque a un eunuco de la reina que, con gesto mohíno, le pregunta si ha visto al perro de la reina. Zadig contesta que es una perra, recién parida, coja por el flanco izquierda y de orejas grandes. Unos días después, aparece correteando un palafrenero buscando un caballo del rey, y Zadig contesta que tiene una cola de tres metros, unos adornos de diez quilates y una herradura de metal de nosequé. En ambos casos, cuando le preguntan qué dirección tomó el animal, contesta que no los ha visto. Lógicamente, lo apresan por haberlos robado y también lo condenan a destierro, pero antes le permiten defenderse. Zadig explica entonces que dedujo que la perra había parido por el surco en la tierra de sus ubres hinchadas, y vio huecos a los lados, deduciendo que era coja. Respecto al caballo, vio polvo en la pared a la altura de tres metros, deduciendo el tamaño del rabo, y que en una piedra había una raspadura de metal, por lo que la herradura estaba hecha de nosequé, etc. En fin, ni Sherlock Holmes. El capítulo termina con la ironía típica de Voltaire, pues le devuelven las 400 onzas de multa que había tenido que apoquinar, pero le retienen 399 por las costas del juicio. En fin, está claro que muchas veces uno no puede decir todo lo que sabe, tal cual.

Para terminar. ¿Por qué deberíamos leer a Puche?

Puche sorprende y extraña por su originalidad, especialmente al lector bisoño. En este momento hay un miedo proverbial a meterse en problemas, a quedar mal con alguien, a escribir y no gustar a todos. Donde debería haber gente formada, con cultura, uno se encuentra con auténticas estantiguas de homologados, una santa compaña de la tontuna. Esto lleva a un nivel de pensamiento único casi mefistofélico. No sé si recuerdas aquello de Alicia en el país de las maravillas, cuando topa con el Caballero Blanco y le pregunta por qué lleva el corcel brazaletes en las patas, y el Caballero le contesta que son para evitar las mordeduras del tiburón. Estando así las cosas, uno llega a Puche y, claro, vibra el clarín y suenan los timbales.

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La curiosidad y el aprendizaje van siempre de la mano. No soy maestro de nada, por eso prefiero preguntar a los que sí saben. Hago lo que puedo. O, al menos, lo intento.

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